La
palabra maestro proviene del latín magister que va dirigida a aquel que
está experimentado en una actividad cualquiera y por eso dirige y ordena.
El
Maestro es el que guía, el que educa, el que orienta e indica el camino.
El
tercer grado de la Masonería, Maestro Masón, está representado por aquel
iniciado que ha sido exaltado al Sublime Grado de Maestro, que una vez siendo Compañero,
se creyó con el derecho de ser un verdadero Maestro en el arte real; plausible
ambición, siempre y cuando los sentimientos que lo condujeron fueron guiados
por la nobleza y la búsqueda de aquellas herramientas que aporta la institución
para el crecimiento espiritual. Si por el contrario, estos deseos fueron
arrastrados por las aguas de la ostentación, la suntuosidad y las condecoraciones,
tristemente se conducirá por vertientes de decepciones, fracasos y descontentos
que a la larga desembocará en el mar de
la verdad.
Ahora
bien, adentrémonos en el mundo que conlleva este Grado de la Masonería. Lo
primero que cada Maestro debe tomar en consideración son las ineludibles
responsabilidades que acarrea este Grado. Ineludibles si fue guiado por la
nobleza y la búsqueda de herramientas para el crecimiento espiritual; mientras
que con astucia y artilugios, quienes buscaron condecoraciones, evitan las
responsabilidades y, peor aún, no las cumplen.
La
principal responsabilidad del Maestro Masón está representada en aquellas
acciones tendentes a educar, guiar, supervisar, orientar, aconsejar y fomentar
el estudio. Es por ello que formar una maestría de excelencia es la aspiración
de toda Logia, puesto que desde allí se fortalecerá todo un sistema de
enseñanza dirigido a quienes se recién inician en la orden, Aprendices,
Compañeros, inclusive, para los demás Maestros, porque el Maestro Masón viaja
por toda la superficie de la tierra para distribuir la luz, símbolo de la
sabiduría.
El
Maestro Masón debe influir sobre Aprendices y Compañeros; es su trabajo, es su
responsabilidad. Pero, ¿cómo puede influir sobre sus Hermanos menores? Albert
Einstein dijo:
“Dar
el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única
manera”
De
esta manera se nos presenta la única forma de influir y educar a nuestros
Aprendices y Compañeros, porque vale más el ejemplo que le demos que los
discursos llenos de enunciados masónicos,
los cuales son importantes en la formación de masón, pero de mayor relevancia
son las acciones que emprendemos y que son palpables al ojo crítico, puesto que
de allí surge el juicio de valores que nuestros Hermanos menores pudieran
formar de la Institución.
Si
queremos una Institución Masónica fortalecida, si queremos ver nuestra Logia encaminada
por el sendero del progreso moral y espiritual, debemos abocarnos a dar el
ejemplo a esa generación que nos relevará en un futuro, porque “es
más fácil educar a los Aprendices y Compañeros para que sean fuertes que
reparar Maestros rotos”.
Venerables
Hermanos, eduquemos, demos el ejemplo que debe dar un Maestro Mason que ha
hallado la palabra perdida, que ha conocido la acacia, que ha experimentado el
dominio de lo espiritual sobre lo material. Demos el ejemplo irradiando la
armonía, el amor, la fraternidad, conduciéndonos por los caminos de la virtud,
asistiendo a nuestras tenidas, cumpliendo con nuestras obligaciones, siendo
puntuales, siendo honestos, siendo fieles a los principios profesados, en fin siguiendo
el ejemplo del Maestro Hiram.
OSCAR RODRÍGUEZ
M.·. M.·.
RESP.·.
LOG.·. BOLÍVAR Y SUCRE NRO. 228

No hay comentarios:
Publicar un comentario