El silencio es la ausencia total de la vida.
También significa abstención de hablar, en el ámbito de la comunicación humana.
Y, sin embargo, que no haya sonido alguno no siempre quiere decir que no haya
comunicación. El silencio ayuda en pausas reflexivas que sirven para tener más
claridad de los actos.
Silencio, este término deriva del latín
“silentium” haciendo referencia a la ausencia de sonidos o a la abstinencia de
hablar.
Cuando una persona se encuentra en medio de
una conversación, el silencio se puede interpretar de diferentes maneras, ya
sea como una puntuación en alguna frase o para tener una carga dinámica,
entonces se puede decir que en una conversación se pueden distinguir dos tipos
de silencio, el primero es el silencio objetivo, que no es más que la falta de
ruido sin ningún sentido específico, por otro lado se encuentra el silencio
subjetivo, éste se trata de una pausa en la que se reflexiona o también para
resaltar la importancia de lo dicho antes o después de la pausa.
En
Masonería, el Silencio viene a ser una herramienta de vital importancia,
especialmente en la etapa del Aprendiz, donde este por su inexperiencia dentro
de los Augustos Misterios de la Orden (Simbólicamente es un recién nacido) no
tiene nada que decir sobre los temas que se hablan, o aportar sobre los
conocimientos que se imparten.
Como decía, el Aprendiz Mason, viene a ser
como un niño, y por ende no sabe hablar, por lo que le corresponde ver, sentir
y escuchar en silencio, para poder aprender.
Cuando al inicio de los trabajos del taller,
el V:.M:. dice: silencio y en Logia, se está pidiendo no solamente que se
guarde silencio de palabras, sino también que acallemos esas voces internas que
habitualmente nos desconcentran y no nos dejan oír la voz, a la que realmente
deberíamos prestar atención, como sería la voz de nuestro Padre interno y las
palabras de quienes guían los trabajos, como son: el V:.M:., los Vigilantes y
naturalmente, la de quienes transmiten información durante el derecho de
palabra.
De ahí que todas las Ceremonias Masónicas se
lleven a cabo en ese silencio que no solo nos da tranquilidad y comodidad para
el desarrollo de nuestros trabajos internos, sino que además es constructivo,
alimenticio y espiritual.
Pitágoras, quien
nos ilustra con el siguiente pensamiento: “El silencio es la primera piedra del templo de la filosofía. Escucha, y
serás sabio; el comienzo de la sabiduría es el silencio.”
Comprender
la necesidad de usar el silencio durante los trabajos en Logia y en nuestro día
a día, es quizás, una de las tareas más arduas de la masonería.
Los primeros
hombres, no tenían lenguaje propiamente dicho. He aquí el por qué el aprendiz
no debe hablar en logia. En efecto ¿qué tendría que decir? ¿Podría enseñar?
Sencillamente no debe hablar porque no sabe nada. ¿Podría preguntar? ¿Sobre
qué, si ignora lo que se trata en el taller? Antes es menester que por su edad,
en donde apenas está abriendo los ojos, escuche y observe.
El silencio en la iniciación resulta clave;
desde que somos vendados y llevados al cuarto de reflexiones, se nos enseña,
que sólo a través de la contemplación y el silencio, se puede
acceder a las primeras verdades las cuales debemos desentrañar poco a poco a
través del crecimiento interior. De igual forma, cuando prestamos juramento,
adquirimos la obligación de callar, especialmente cuando se nos indica que no
debemos revelar los secretos de la orden, ni la palabra enseñada al mundo
profano, y allí, el silencio simboliza la discreción y la disciplina del masón,
así como su lealtad frente a sí mismo y sus hermanos.
Por ello QQ.·.HH.·., el alcance de nuestra voz,
producto de nuestros pensamientos, resulta clave en la construcción del templo,
a través del pulimento de la Piedra Bruta; es mejor callar, cuando no sabemos
cómo y cuándo hablar; es mejor callar, hasta que aprendamos la importancia de
utilizar la palabra, de una forma consciente y sabia; es mejor no decir nada,
cuando podemos utilizar la pasión como detonante de nuestros fonemas. Es mejor
callar cuando no estemos preparados para aceptar nuestra misión; es mejor
callar, cuando se empieza a caminar por senderos desconocidos, pero con la
seguridad de que hay una presencia divina que nos acompaña.
Para ser más elocuentes escuchemos un viejo
adagio hermético que resulta claro sobre el punto: “los labios de la
sabiduría están mudos fuera de los oídos de la comprensión”; por ello,
el buen masón prefiere que le corten la garganta antes que romper su silencio.
Por lo tanto la disciplina del silencio, es
una de las enseñanzas fundamentales de la Masonería. Quien hable mucho piensa
poco, ligera y superficialmente; y la masonería quiere que sus adeptos se hagan
más bien “Pensadores”, que, habladores. La máxima extraída
primero piensa y luego pon en movimiento la lengua.
Que en el silencio se
encuentra la posibilidad del crecimiento; cuando nos aislamos de nuestras
influencias exteriores, abrimos los canales de concentración, observamos,
escuchamos y contemplamos, estamos aprendiendo a ver la luz, y esto, de por sí,
es un proceso que entraña una gran fuerza de voluntad.
QQ.·.HH.·. Es todo.
Jardiel García Salido.
Ap.·. Mas.·.

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