Origen del Grado de Maestro

 

“Adán, el primer hombre, creado con la Geometría impresa en su mente superior, instruyó muy luego a sus hijos Caín y Seth, quienes aplicaron la noble ciencia al arte de la Arquitectura, a la que eran aficionados, y la enseñaron a sus descendientes”

 

“La Logia General llenóse de gozo al ver que las gentes, con gran poder masónico, construían la Ciudad y las Torres, hasta que por vana ambición desbarató el Hacedor su proyecto; pero aunque con las lenguas confundidas, siguieron hablando de modo que no olvidaron el aprendido Arte. Coro. ¿Quién puede descifrar el Arte Real o cantar sus secretos en un himno? Están seguramente guardados en el corazón del masón y pertenecen a la antigua Logia”.

 

Dos hermosas estrofas del “Himno del Maestro” incluido en La Constitución de los Francmasones o Constituciones de Anderson. En las letras de este poco conocido himno, se pretende expresar la historia de la Masonería, asomando una hipótesis que sin duda forma parte de un componente legendario, simbólico, mítico y quizás quimérico, que  muchos  admiten para dar a entender que  la Masonería nació desde el principio de los tiempos, desde cuando la ciencia de la Geometría fue  aplicada en el arte de la Arquitectura; porque en fin, la Masonería es el arte de construir.

 

En el himno se comenta que un gran poder masónico permitió construir la ciudad y las torres; también hace referencia que el creador al darse cuenta de la construcción de la Torre de Babel, confundió las lenguas para deshacer la ambiciosa obra, pero lo aprendido del Arte de Masonería no lo olvidaron los Masones, quedando guardado en sus corazones como patrimonio de la “Antigua Logia”.

 

Se me ocurre que esta “Antigua Logia” representa a la Masonería de aquellos tiempos, ni siquiera la Masonería personificada por los antiguos constructores de la edad media (Operativa), sino a ese gran poder de la ciencia de la Geometría que dio origen al Arte de la Construcción y que fue pasando de generación en generación, sufriendo el proceso evolutivo de las civilizaciones hasta llegar a lo que hoy conocemos como Francmasonería, sin haber perdido nunca su esencia constructora.  

 

Para fines introductorios se hizo necesario precisar lo anteriormente planteado, ya que hablar del origen del Grado de Maestro Masón es hablar del origen de la misma Masonería. Determinar cuándo y dónde nació la Masonería se ha convertido en un verdadero reto para los Masones, ya que un espeso velo de misterios y especulaciones envuelven la historia de nuestra Orden. Recurriendo al carácter eminentemente especulativo que hoy caracteriza a la institución, me encuadro en la más que legendaria versión que defiende el hecho (utópico)  de que nuestra Orden nació desde el inicio de los tiempos.

 

Pero, más allá de historias legendarias, el Masón precisa de hechos concretos que demuestren una verdad razonada que le dé a la historia de la Masonería una silueta de realidad palpable. Es por ello que, para hablar de la historia de la Masonería y del grado de Maestro Masón, nos remitimos a los antiguos documentos que de la Orden se conservan.

 

En el año 926 (e.·.v.·.) en la ciudad de York (Inglaterra), el Príncipe Edwin, quien, por orden de su padre, el Rey Athelstan, era el Jefe o Gran Maestre de la Confraternidad de Constructores, convocó a los miembros de la cofradía y les hizo saber de la creación de la Constitución de York, que luego fue conocida como la Ley Fundamental de la Masonería. Este documento es conocido como uno de los más antiguos de la Orden.

 

Se entiende que en el año 926, la Masonería ya poseía una organización. En los artículos 10 y 11 de la Constitución de York ya se señala al Maestro, al Compañero y al Aprendiz como miembros de la Orden:

 

10. Ningún maestro debe admitir a un aprendiz, si no se compromete a trabajar por espacio de siete años; y para recibirlo debe contar con la aprobación de los hermanos.

 

11. Para que un maestro o un compañero pueda presentar a una persona, es necesario que esta persona haya nacido libre, que tenga una reputación intachable, que tenga capacidad y que los conserve todos.

 

Atendiendo a la rigurosidad cronológica, se pudiera dar por entendido que, al menos, documentalmente, este sería el hito que demuestra la aparición u origen del Grado de Maestro, el cual con el transcurrir del tiempo, al igual que la Masonería misma, fue evolucionando y adoptando características, leyendas, enseñanzas y responsabilidades hasta llegar al Grado que hoy conocemos. Después del año 926 (e.·.v.·.) salieron otros documentos donde se aprecia la existencia del grado de Maestro, pero la supremacía cronológica se la lleva la Constitución de York.

 

Recordemos que Maestros eran también los obreros que poseían ciertas habilidades y que trabajaron en la construcción del Templo de Salomón.

 

Maestros también eran los directores de los colegios creados por Numa Pompilio, a los que se les llamó Collegia Fabrorum (colegios de arquitectos), en los cuales se adoptaron los rito egipcios, griegos y caldeos, dándole a esos colegios dirigidos por Maestros la libertad de formar sus propias estructuras organizativas, y cuyo propósito era construir fortalezas, carreteras, templos y acueductos para todo el imperio.

 

En lenguaje industrial actual, el Maestro era el equivalente a lo que hoy en día podemos llamar un patrón a cargo de obreros. Este cargo o grado era muy privilegiado y se exigía, de quien lo ostentaba, tener muchas habilidades en el oficio.

 

 La historia del último grado de la Masonería simbólica es un tema que todavía da mucha tela que cortar, muchas diferencias de opiniones, como las hay con la historia de la misma Masonería; sin embargo, nos atrevemos a afirmar que desde la “Antigua Logia” de Adán, pasando por el Templo de Salomón, las culturas egipcias, griegas, caldeas, romanas, y así por consiguiente, toda la historia de la civilización humana con su afán de construir un mundo mejor, tienen irrefutablemente un vestigio de una organización  dirigida por Maestros expertos en el Arte Real.

 

Para concluir esta pieza de arquitectura, dejo a mis Venerables Hermanos una reflexión: Ser Maestro Masón es mucho más que dominar la información del grado, sus leyendas, sus palabras, sus signos y tocamientos; ser Maestro Masón significa haber pasado por un proceso de expansión de la conciencia, mediante el cual se obtiene la capacidad de observarnos a nosotros mismos, al mundo que nos rodea y los procesos de evolución de la humanidad, para ponerlos en práctica en nuestra vida cotidiana, con nuestros hijos, nuestras esposas, nuestros aprendices y compañeros de la Logia.

 

Fraternalmente,

 

OSCAR RODRÍGUEZ

M.·. M.·.

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José Luiggi