El emblema masónico es
conocido incluso en el mundo profano, como una escuadra y un compas.
Ya hemos conocido el
significado simbólico del COMPÁS y la ESCUADRA, sin embargo, ahora nos damos
cuenta que, cuando ambos instrumentos se colocan sobre el ARA, se les considera
como emblemáticos de la LÓGICA y de la RAZÓN, temas que invariablemente le
sirven de base, a todas las enseñanzas Masónicas y a la vez fungen como el
regulador, que orienta nuestros trabajos en Logia, y por lo mismo simbolizan
también las luces que iluminan el camino que conduce hacia la VIRTUD y el
PERFECCIONAMIENTO Humano.
Ciertamente el emblema es una
escuadra con sus extremos superpuesta en los extremos de un compas, sin
embargo, la simbología, la alegoría que representa para el aprendiz es única.
La escuadra y el compás,
separadamente, o bien unidos en la forma conocida y usada como símbolo
masónico, nos presentan dos distintos ángulos, uno con vértice hacia arriba y
hacia el Oriente; y el otro, con el vértice dirigido hacia abajo o hacia
Occidente.
El ángulo recto, formado por
la escuadra, es el emblema de la estabilidad y aparente inexorabilidad de las
Leyes Físicas que gobiernan el Reino del Occidente. Esta es, otro símbolo de la
crucifixión de la cual debe libertarse rectificando y dirigiendo hacia el
centro todos sus esfuerzos. Este ángulo es también el símbolo de la lucha, de
los contrastes y de las oposiciones que reinan en el mundo sensible, de todas
las desarmonías exteriores, que deben enfrentarse y resolverse en la Armonía
que viene del reconocimiento de la unidad interior.
Y el compás es el símbolo de
este reconocimiento y de esta armonía, que debe juntarse con la escuadra y
dominar el mundo objetivo por medio de la comprensión de una Ley y de una
Realidad Superior; por medio de su ángulo de 60 grados, muestra el ternario
superior que debe dominar sobre el cuaternario inferior, o sea el perfecto
dominio del Cielo sobre la Tierra.
El Cielo y la Tierra,
indicados emblemáticamente por la escuadra y el compás, y entrelazados de la
misma manera el uno con el otro, por ser aspectos respectivamente superior e
inferior de una misma cosa, no representan más que el Oriente y el Occidente,
los cuales ya hemos estudiado en anteriores planchas.
El Cielo, o sea el Mundo de
la Realidad Trascendente, se presenta a nuestra conciencia por medio del uso
del compás o de la facultad comprensiva y comparativa de la mente que conduce
al estudio de las analogías, a la inducción y generalización de las ideas, con
las cuales se llega progresivamente desde lo relativo a lo absoluto.
La Tierra, o sea el Mundo de
la Apariencia o Realidad Objetiva, se nos presenta igualmente por medio de la
escuadra de la razón, o inteligencia concreta y racional, que marca los límites
fijados por sus leyes, por medio de la lógica y del juicio, con un determinismo
del cual aparentemente no podemos escapar. Sin embargo, el Camino de la
Libertad se encuentra aquí mismo, por medio del uso de estas leyes en su
aspecto progresista y constructivo. Aquí cabe citar otra vez el axioma
hermético que vimos en el “cuarto de
reflexión”: visita interiora térrea rectificando invenies occultum lapidem.
Debemos ingresar dentro de la realidad del propio mundo objetivo, y no
contentarnos con su estudio puramente exterior.
Entonces, rectificando constantemente nuestra visión y los esfuerzos de
nuestra inteligencia llegaremos al uso del compás junto con la escuadra, o sea
el conocimiento de la Verdad que nos libra de la Ilusión.
Ya casi Terminando, podemos
decimos que, es la Escuadra de la Ley o norma de rectitud, cuyo ángulo recto
representa la rectitud de nuestra visión, que nos pone en armonía con todos
nuestros semejantes y nos hace progresar rectamente en la Senda del Bien. Esta
función eminentemente rectora de la Escuadra, que representa y expresa la
Sabiduría, hace de la misma el símbolo más apropiado del Ven.: M.:, así como el
martillo, emblema de la Fuerza, puede atribuirse al Primer Vigilante, y el
cincel, productor de la Belleza, al Segundo. Y así como la actividad combinada
de los tres instrumentos es indispensable para la obra masónica, así igualmente
la cooperación más completa de las tres Luces de la Logia es indispensable para
que ésta pueda desarrollar una labor realmente fructífera.
En la antigüedad al parecer
los emblemas se aplicaban con el fuego, en la actualidad esto no se hace, pues
es un fuego simbólico, y por este medio los masones se reconocen entre sí.
Estos símbolos son, evidentemente el compás de la razón que caracteriza el
reconocimiento de la Realidad Espiritual (que es el Centro simbólico de todo
ser y de toda cosa) y su relación con la vida exterior (la circunferencia o
apariencia de las cosas), y la escuadra del juicio, con la cual el masón
rectifica sus pensamientos, aspiraciones y deseos, en armonía con el Plan del
Gran Arquitecto, con cuyo Plan debe esforzarse en cooperar conscientemente.
Para terminar resumo de la
siguiente manera, el Venerable Maestro usa una escuadra, símbolo de la Igualdad
con que debe regir a todos los miembros de la Logia. En el Altar, el compás
indica la moderación de nuestros deseos y la escuadra, la equidad en nuestras
acciones.
Es cuanto,
Fraternalmente
Luis Hernández
Ap.·. M.·.

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