La Dualidad del Silencio
Por su funcionalidad,
el silencio de los Aprendices debe verse desde la dualidad que tantas veces se
presenta a nuestros aún ignorantes ojos. Una primera acepción: como silencio
para escucharse a sí mismo, pues los ruidos del mundo profano nos dispersan
y nos apegan a lo superficial; sin que podamos lograr profundizar en los
conocimientos ni en la observancia de la naturaleza. Aprendiendo a escucharnos,
los Hermanos Aprendices aprenderemos a darle a nuestras palabras el sentido
profundo y correcto que una persona cultivada ha de tener, cuando adquiramos la
facultad del verbo no parlotearemos, sino que diremos palabras con profundo
sentido.
Una segunda acepción:
como silencio para escuchar al otro; porque al no participar con
palabras en los debates de la Logia sobre las planchas buriladas y los temas
propuestos, los Hermanos Aprendices nos centraremos y nos concentraremos en la
escucha reflexiva. De este modo, las palabras de nuestros Hermanos no se
perderán en nuestras cabezas, sino que serán asimiladas, analizadas e
incorporadas a nuestra “Tabla rasa”, como quien guarda en un baúl el
conocimiento que nos ha de dar luz y grandeza a nuestra alma: el insumo
necesario al crecimiento de nuestro intelecto y la virtud a nuestra persona.
Podría decirse que, mientras nuestros Hermanos hablan, los Hermanos Aprendices
participamos en el diálogo del taller por medio de nuestro silencio; pero no de
un silencio por imposición, un silencio por ignorancia o un silencio por desinterés…
Todo lo contrario: se trata de un silencio fértil que nos ayuda a desarrollar
nuestro conocimiento, nuestro ser, nuestra conciencia y, en cierta manera,
también es un silencio activo porque toma nota, piensa, da fruto. Como vemos,
el silencio se nos puede presentar dualmente entre un silencio pasivo y un
silencio activo.
Origen del silencio
masónico
Históricamente, en la
comunidad filosófico-educativa que significó la Escuela Pitagórica (sabido era
una escuela Iniciática), sus discípulos se distinguían en tres grados, siendo
el primero el acústico, así llamado para aprender a silenciar la mente, en el
cual se imponía un período de noviciado de tres años, en donde se les admitía
como oyentes, observando un silencio absoluto, como método de asimilación de
conocimientos y adquisición de mesura, como instrumento para el desarrollo de
la razón y meditación. Posiblemente sea este el origen del periodo de
aprendizaje adoptado por los masones como método.
Silencio como virtud
La mejor palabra es
aquella que es breve y concisa, la sabia, la que transmite la verdad, la que
persigue el bien. Aprender a hablar poco, lo justo y suficiente, significa en
el masón en general, no sólo en el Aprendiz, la fuerza de voluntad, el carácter
templado, el dominio de sí mismo, la elevación de su espíritu.
El silencio en Logia
Obviamente que el
silencio no es virtud propia del Hermano Aprendiz, es una virtud que ha de
adquirirse y guiar toda nuestra vida masónica. No en vano una de las primeras
acciones solicitada por nuestro Venerable Maestro al estar en Logia, cuando
inicia los trabajos, es meditar en silencio, solamente escuchando una tenue
melodía ¿Por qué? La respuesta es sencilla: el silencio nos lleva a adentrarnos
en un estado que nos transporta más allá de lo que perciben nuestros sentidos;
nos ayuda a abrir nuestro corazón y nuestro intelecto, para recibir los mejores
frutos de la espiritualidad y del conocimiento.
El silencio como
conducta
El alcance de nuestra
palabra, producto de nuestros pensamientos, resulta clave en la construcción
del templo interior, a través del pulimento de la Piedra bruta. Lo mejor es
callar si aún no sabemos cómo y cuándo hablar. Es mejor callar cuando no
estemos seguros de poder dominar la pasión como detonante de nuestros
pensamientos; y así no avasallar, herir, dañar al otro y seguramente dañarnos a
nosotros mismos. Aldo Lavagnini en su Manual del Aprendiz nos dice: «La
disciplina del silencio es una de las enseñanzas fundamentales de la Masonería.
Quien habla mucho, piensa poco, ligera y superficialmente. Generalmente, su
visión de las cosas será estrecha e inflexible; y por consiguiente, no tendrá
elementos para valorar nuevas ideas u horizontes. Por eso, la Masonería busca
que sus adeptos se hagan mejores pensadores que oradores.«
El silencio como vía
hacia los logros
Los más grandes logros
del pensamiento humano han sido fruto, sin duda, de una investigación nacida en
el silencio interior de su creador. Como ejemplo, sólo citaré dos casos
significativos: el de Miguel de Cervantes Saavedra, quien recluido en un
calabozo, escribió las páginas de su inmortal Don Quijote de la
Mancha, aunque él mismo dijo que ésa no era su mejor obra. Otro ejemplo
es Beethoven, quien aislado en su mundo interior, en el silencio forzado de su
sordera, concibió maravillosas obras musicales, para algunos jamás igualadas.
No quiero terminar este
trabajo sin antes citar algunas frases célebres que ilustran el valor del
silencio.
“No es necesario decir
todo lo que se piensa, lo que sí es necesario es pensar todo lo que se dice.”
(Quino)
“Más vale permanecer
callado y que sospechen tu necedad, que hablar y quitarles toda duda de ello.”
(Abraham Lincoln)
“Cuando hables, procura
que tus palabras sean mejores que el silencio.” (Proverbio hindú)
“Es mejor ser rey de tu
silencio que esclavo de tus palabras.” (William Shakespeare)
César Figuera
M.·.M.·.

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