Licurgo

Sin duda, la Masonería rinde homenaje a aquellos hombres que se han convertido en un foco luminoso para la humanidad. Es en el quinto viaje donde el Compañero Masón se detiene para contemplar los nombres de cinco de los filósofos de la antigua Grecia de cuyo aporte aun nos ilustramos.

En esta oportunidad hablaremos de Licurgo, sabio legislador de Lacedemonia, una región de la antigua Grecia, cuya ciudad más importante fue Esparta. A ciencia cierta no se tienen datos acerca de la etapa histórica en que vivió, pero se asume que fue entre el siglo VII a.c. y el siglo IX a.c.

Se le atribuye la grandeza histórica de Esparta, donde fue conocido tanto por legislador como por filósofo e ilustrado reformador, ya que la legislación que implantó se caracterizaba por ser un sistema moral y político. Puso de manifiesto la fuerza y la flaqueza del hombre, y supo conciliar la ley con los deberes y las necesidades del ciudadano. Esto lo demostró creando la Constitución de Esparta, con la que garantizó la armonía, la paz y la felicidad de su pueblo.

Esta Constitución fue llamada La Gran Retra y fue creada luego de las guerras mesenias; con ella se propuso instaurar la igualdad de todos ante la ley, para así eliminar privilegios y descontentos que existían para la época. Esta igualdad garantizaba el orden y la disciplina que tanto necesitaba la nación. Todos los ciudadanos tenían que hacer sacrificios, tanto la corona como la aristocracia y el pueblo. Nace así, con Licurgo, un nuevo sistema político basado en un estado de carácter comunal y militar que se mantuvo vigente durante la mayor parte de la historia espartana.

 

Licurgo y la Educación.

Para Licurgo, la educación del hombre jugaba un rol preponderante para los destinos de una nación. En una oportunidad, un grupo de hombres ilustres le pidieron a este legendario espartano que pronunciara un discurso sobre la importancia de la educación, para así motivar a los padres a que educaran mejor a sus hijos. Licurgo accedió a la petición, pero pidió un plazo para preparar su presentación.

Al cabo de varios meses, se presentó Licurgo en la plaza pública con dos perros y dos liebres. Todos esperaban con ansias para escuchar el discurso del famoso personaje, quien sin pronunciar una sola palabra soltó una liebre y luego soltó a un perro que rápidamente se lanzó contra la liebre y la devoró ante la mirada de los espectadores.

Luego soltó la otra liebre y al otro perro que también corrió tras la liebre; pero extrañamente el perro no devoró a la liebre sino que se puso a jugar cariñosamente en un tono amigable, demostrando una total convivencia muy diferente al primer episodio.

Licurgo expresó: “He aquí los efectos de la educación. He pasado un año educando a este perro y enseñándole a que no haga daño a la liebre. El otro no ha sido educado, por eso no obedece sino a sus instintos. Igual que el primer perro, el hombre sin educación se dejará arrastrar sólo por sus pasiones y devorará todo lo que se oponga a ellas. Escoged, y ved qué queréis que sean vuestros hijos”.

Con esta particular anécdota, Licurgo quiso enseñarle a la población los efectos que tiene la educación en el individuo. Un hombre sin educación, inculto e ignorante puede caer como presa fácil de las pasiones más bajas, sucumbirá a todo tipo de vicio como producto de su estado primitivo, donde el egoísmo hará que los intereses individuales estén por encima de los intereses de la comunidad. Mientras que el hombre culto, educado e instruido sabrá cómo desarrollar las estrategias para lograr una convivencia donde prevalezca la paz y la armonía.

Fraternalmente,

 

OSCAR RODRÍGUEZ

M.·. M.·.


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José Luiggi