El Precio de Nuestra Conciencia




“La conciencia que tiene precio no es más que una mercancía”
Benito Jerónimo Feijoo


Los Masones nos denominamos entre la Orden “hombres libres y de buenas costumbre”; frase que se resume en individuos que tienen las más amplia libertad de expresar sus pensamientos       y que no aceptan imposiciones que atenten contra sus principios, ni mucho menos estar sujetos a la voluntad de terceros; de la misma manera se expresa en esta definición la libertad que nos niega las ataduras a los dogmas que oscurecen la inteligencia y la razón, pervirtiendo nuestros sentimientos.
Sin embargo, todos estamos expuestos a un continuo reto moral, lo cual representa uno de esos ingredientes amargos de la vida cotidiana y masónica.
El Masón, como hombre de Moral y de Virtud debe entender que si su comportamiento está desligado de los principios de la Orden Masónica, será atormentado por los dictados de su conciencia. Es por ello que al encontrarse con situaciones que pudieran poner en riesgo nuestro comportamiento moral, debemos recurrir a nuestro Cuarto de Reflexiones y someter nuestros pensamientos a ese estudio profundo que nos hace recordar el VITRIOL alquímico con el fin de revisarnos y buscar la salida a esa encrucijada moral.
¿Qué podría motivar al Masón a arriesgar su comportamiento moral?
¿Qué le haría ponerle precio a su conciencia?
Desde luego que como Masones no estamos ajenos a las tentaciones profanas. Quizás el orgullo testarudo, la vanidad, falsas promesas, deseo de elogios, ganancia material, y todos aquellos vicios que no han sido deslastrados de la piedra bruta, han formado parte de nuestras aspiraciones iniciales de iniciarnos en las Orden Masónica y que se han mantenido vigentes en nuestro ser interno.
Los Masones al incurrir en estos vicios podríamos ser catalogados como traidores de nuestra propia conciencia. A decir de Vicente Espinel: “La traición la emplean únicamente aquellos que no han llegado a comprender el gran tesoro que se posee siendo dueño de una conciencia honrada y pura”, nos damos cuenta que ese juez interno como lo es nuestra conciencia no debe ser traicionado con nuestros actos, porque al hacerlo le estaríamos poniendo precio.
Simbólicamente podemos representar a  la conciencia honrada y pura como la mano que nos alimenta espiritualmente y nos llena de alegría y virtud; por el contrario los vicios que nos esclavizan como la vanidad, el egoísmo, la hipocresía, la envidia, podemos representarlos como el tirano que nos castiga y nos hace conducir por senderos de desilusión y falsas promesas.
Eric Hoffer pronunció lo siguiente: “La gente que muerde la mano que los alimenta, normalmente lamen la bota que los patea”; representando esto la conducta ingrata que podríamos tener en detrimento de nuestra conciencia.
Es por ello que la Masonería nos dota de herramientas simbólicas que en cada Grado serán útiles para combatir estos vicios y a este tirano que nos esclavizan. Trabajando constante y sigilosamente en nuestra piedra bruta podremos combatir el orgullo con la HUMILDAD, la avaricia con la GENEROSIDAD, la lujuria con la CASTIDAD, la ira con la MANSEDUMBRE, la gula con la TEMPLANZA, la pereza con la DILIGENCIA y la envidia con el AMOR FRATERNO.




Fraternalmente,                                                                                                                 

Oscar Rodríguez
M.·.M.·.

Resp.·. Log.·. Bolívar y Sucre Nro. 228








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...Si miramos nuestro templo y retrotraemos a los tiempos iniciales,
parece imposible y como una utopía decir con orgullo: ¡Lo logramos!
José Luiggi