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Santiago Ramón y Cajal
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En 1885 el cólera hizo
estragos en Valencia. En aquello años vivía en la ciudad uno de los masones más
ilustres del siglo XIX, el Querido Hermano Santiago Ramón y Cajal,
catedrático de Anatomía Descriptiva desde 1882. El celebrado
investigador, cabeza de la llamada Generación de Sabios, estaba
todavía lejos de culminar las investigaciones que le llevarían a ser
reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 1906, pero era ya, desde hacía
más de una década, maestro masón. Os traemos hoy una cita de su
autobiografía, Recuerdos de mi Vida, que bien sirve para entender
los días de intensa emoción que nos tocará vivir. Nuestro Hermano, a través de
su propia vivencia, nos invita a no dejarnos arrastrar por
la efervescencia pasional. En medio de toda tormenta, seamos masones
de sereno espíritu.
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"Pocos conservamos la serenidad de
espíritu necesaria para juzgar"
Santiago Ramón y Cajal
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Eran días de intensa emoción.
La población, diezmada por el azote, vivía en la zozobra, aunque no perdió
nunca la serenidad; los hospitales, singularmente el de San Pablo,
rebosaban de coléricos. Recuerdo que en mi propio domicilio murieron varios
atacados. En mi familia, por fortuna, no hizo presa el microbio, no
obstante visitar algún colérico y hacer uso de agua de pozo, probablemente
contaminada. (...)
Pocos conservamos, durante
aquella efervescencia pasional, donde los intereses luchaban con más encarnizamiento
que las ideas, la serenidad de espíritu necesaria para juzgar. No me
envanecen mis aciertos de entonces; nada hay más fácil que hallar el buen
camino cuando nuestro pensamiento recibe su inspiración en las cumbres
serenas del patriotismo, y la voluntad se mantiene ajena a toda bastarda
concupiscencia. Y el mejor galardón de mi conducta lo recibo hoy al ver
que, no obstante los años transcurridos, puedo mantener, mutatis mutandis,
en lo científico y en lo moral mis puntos de vista de entonces.
Fuente: El Oriente. Gran
Logia de España.-
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