
El Pensamiento es una fuerza, y
la Filosofía debería ser una energía, encontrando su objetivo y efecto en
el mejoramiento del género humano. Los dos grandes motores son la Verdad y
el Amor. Cuando todas estas fuerzas se combinan guiadas por el intelecto
y reguladas por la regla del Derecho y la Justicia, la gran revolución
preparada desde tiempo inmemorial se pone en marcha. El Poder de la misma
Deidad está en equilibrio con su Sabiduría. De aquí surge la Armonía.
Es debido a que la Fuerza está mal gobernada por lo que las revoluciones experimentan fracasos. Por ello sucede tan a menudo que insurrecciones que se originan en las más altas cimas morales tales como la Justicia, Sabiduría, Razón y Derecho, formadas por la más pura nieve del ideal tras una larga caída de roca a roca, habiendo reflejado el cielo en su transparencia y siendo recogidas por un centenar de afluentes en el majestuoso sendero del triunfo, repentinamente se pierden en lodazales, como un río californiano en las arenas.
La marcha adelante del género humano requiere que los altos ideales brillen con nobles y perdurables lecciones de coraje. Las proezas de una historia audaz y brillante constituyen una luz que guía al hombre. Ellas son las estrellas y chispas que surgen del gran mar de electricidad que es la Fuerza inherente al pueblo. Esforzarse, afrontar todos los riesgos, perecer, perseverar, ser fiel a uno mismo, luchar cara a cara con el destino, sorprender a la derrota por el poco terror que inspira, sea para combatir un poder ilegítimo, sea para desafiar un triunfo espurio, estos son los ejemplos que las naciones necesitan y la luz que las electrifica.

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